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Prácticas, preferencias sexuales y parafilias

Prácticas, preferencias sexuales y parafilias

Citando las Clasificaciones Diagnósticas Psiquiátricas actuales (DSM-IV y CIE-10), los términos Parafilias, Desviaciones Sexuales o Trastornos de la Inclinación Sexual, hacen referencia a una serie de comportamientos sexuales caracterizados por la excitación del sujeto ante objetos y situaciones que no forman parte de los patrones sexuales normativos. El sujeto necesita la presencia de determinados estímulos, que se apartan de lo que se consideran estímulos sexuales normales, para obtener placer.

El término más adecuado para denominar a estos comportamientos sería el de parafilias, desterrando el de desviaciones sexuales por su connotación negativa y anticuada.

Hay que tener en cuenta que el término “normal” simplemente alude a que la mayoría de la gente suele comportarse de una manera determinada. Sin embargo muchas veces lo creemos sinónimo de “lo bueno”, y no tiene por qué ser así.

Bien es cierto que hay personas con determinadas parafilias que perjudican a terceros, e incluso se catalogarían como delitos legalmente.

Pero las parafilias no siempre tienen por qué ser dañinas para otros, como sí ocurre, por ejemplo, en el caso de la paidofilia, pedofilia o excitación sexual ante niños y el bestialismo o zoofilia, que sería la excitación sexual ante animales.

El fetichismo o excitación sexual ante determinados objetos, por ejemplo, no tiene por qué suponer un daño a terceros, y puede ser respetuosa con el entorno, siempre que no sobrepase los límites de los demás. Esto justifica frecuentemente que no se acuda a consulta, pues no generan ningún tipo de malestar, y se vive adecuadamente entre personas que aceptan las prácticas.

En términos generales, para considerarse una parafilia a tratar por un especialista, el sujeto que la padece tiene que experimentar un malestar subjetivo o estar creándoselo a un tercero, no respetando sus deseos o límites, o aprovechándose de la incapacidad para decidir de un menor o adulto disminuido, por ejemplo. Realizarlo de manera impulsiva, compulsiva u obsesiva, también sería un síntoma de necesitar tratamiento. Por otro lado, también se trataría si fuera una práctica exclusiva, esto es, que la persona no pudiese excitarse de ninguna otra forma, generando dificultades de relación a nivel social.

En general es la propia persona la que acude a consulta si ve que su parafilia le perjudica en algún aspecto o se siente mal, sin embargo, en otras ocasiones, son las parejas, su entorno, su médico o incluso un juez, los que animan, proponen u obligan a esa persona a ser tratada por el daño que se generan o están generando a terceros.

Igualmente, existen criterios de gravedad. Sería una parafilia leve si el individuo se encuentra marcadamente afectado por las necesidades paralíticas recurrentes, pero nunca ha actuado de acuerdo con ellas o no las ha expresado en su conducta.

Moderada si en algunas ocasiones el individuo ha actuado de acuerdo con sus necesidades parafílicas. Y grave cuando el individuo ha actuado reiteradamente de acuerdo con sus necesidades parafílicas.

Hay también personas que no sólo presentan una única parafilia, sino parafilias múltiples.

En términos generales las parafilias pueden aparecer en personas que han vivido bastante represión sexual, siendo una forma de romper con ella, y en ocasiones puede ser síntoma de algún otro trastorno mental, como la esquizofrenia, los trastornos de personalidad o los de conducta, tales como el alcoholismo o el abuso de sustancias.

Los trastornos incluidos bajo la categoría diagnóstica de parafilias en la mayoría de clasificaciones son el exhibicionismo, el fetichismo, el froteurismo, la paidofilia, el masoquismo sexual, el sadismo sexual, el travestismo y el voyeurismo. Teniendo éstas a su vez subcategorías.

Dentro de las parafilias no especificadas encontraríamos el resto, por ejemplo la zoofilia y la necrofilia.


Ana Sierra
Psicóloga, Sexóloga y Terapeuta Sexual y de Pareja


 

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